viernes, 23 de abril de 2010

Proyección del recuerdo en la nieve

por annette y vorhis en una tarde en el frío



Las lágrimas atardecidas
de los árboles silenciados,
en la fresca, se deslizaron
en el cristal francés.

Sobre las ramas el borde
pintado brillaba, canturreaba, feliz.
Te diste cuenta no es un árbol,
el viento sabe donde rosarme,
corta, a veces.

En las hojas escritas,
papá soñaba siempre
bajo la nieve blanca,
decía tener frío,
andaba desabrigado, descalzo.

las bufandas sostenidas se apolillaron
en el tiempo.

Tu luz me encandila, fijo,
¿qué enfoca?
el rostro cotidiano,
la escalera en el techo
o el farol en la ventana detrás de mis ojos.

La proyección,
muere en la piel esmaltada.

El cristal se corrompe.
Se hace débil, agua,
al lucir violeta, torpe.

Marcándome fuertemente,
derramando nostalgia,
cerrando los ojos
fuertemente
mi recuerdo helado
se introduce en mis huesos perfumados.

viernes, 2 de abril de 2010

Carta desesperada a un ave

Decime que las manos no se me van a pudrir,
que no se me van a oxidar con vos, por favor, decimelo.
Yo me desnudo ante tu mirada desteñida,
mi cuerpo en tus labios, combinan con tu vómito.

Decime que no voy a terminar matándote con el martillo
escuchando a los Beatles, por favor, contamelo.
Sé que me regalas peces de colores
cuando me ves,
que las lombrices se escapan de tus brazos,
salen de tu piel para recibirme.

Decime que no soy de esas lámparas que coleccionas,
en tu garaje hay muchas ya, por favor decimelo.
Te hundís en mi valle, lluvioso.

Tantas veces te metiste dentro mío, sos parte de esta sangre mugrienta,
asquerosa, irresponsable, mal oliente, miedosa,

sobre toda las cosas.
El miedo, sí, el miedo que me arde,

ya esta en gran parte de mi espalda
como una especie de culebrilla.

Sé que me muero,
¡mátame!, átame, ¡mátame!, ¡mátame! (más rápido).
Mis cristales se acaban,
en la noche, los vistes desperdiciarse,
escaparse, el dolor los aguanta, por favor decime.

Me quemo, me incendio cada vez más.
Las hormigas estallan por vos
sos su reina,
por favor decimelo.

No salvas, pero curas como el agua de mar,
como el agua bendita mezclada con aceite.
Me quemo, me sangra, ayúdame, hay rojo por todas las paredes.

Ya estoy blanca, en tu casa, acostada.
Ni dormida en el silencio, haciéndote caricias me lo decís.

Describime, describime,
(la entrepierna).
recordame, ¡recordame!.

Cogiendo, ¡cogiendo! (transparente).

Más arriba, como ahora, en el sol,
tocando las nubes y el pasto mojado, verde.
Acariciando el agua más tibia, entre estas sábanas,
el río corre lento, húmedo, cálido.

Mi cuerpo tirado sobre el piso, quieto, inquieto.
Desapareces, otra vez, otra noche violada,
sobre mi clavícula.

Como toda madrugada,
guárdame en el freezer.



El silencio homicida

La presencia tan ausente, tan viva.
Del cadáver más puro
de la mirada inocente, de los ojos
inseguros, hiriente.

De las palabras que nunca dijo,
ese fue el dolor más profundo, más vació.
tan alejado de las manos anacaradas.

Se durmió en el silencio homicida,
sobre el campo más delicioso de girasoles.

Cayendo el sol desnudo,
tu cuerpo solo destruyéndose.

Culpable del cuchillo que llevaba sobre la miel.
infelizmente, inmerso, en la realidad,
de pájaros descuartizados.

En la madrugada, asustado,
se conmueve por la primavera.

La tierra siempre esta fría.