viernes, 2 de abril de 2010

Carta desesperada a un ave

Decime que las manos no se me van a pudrir,
que no se me van a oxidar con vos, por favor, decimelo.
Yo me desnudo ante tu mirada desteñida,
mi cuerpo en tus labios, combinan con tu vómito.

Decime que no voy a terminar matándote con el martillo
escuchando a los Beatles, por favor, contamelo.
Sé que me regalas peces de colores
cuando me ves,
que las lombrices se escapan de tus brazos,
salen de tu piel para recibirme.

Decime que no soy de esas lámparas que coleccionas,
en tu garaje hay muchas ya, por favor decimelo.
Te hundís en mi valle, lluvioso.

Tantas veces te metiste dentro mío, sos parte de esta sangre mugrienta,
asquerosa, irresponsable, mal oliente, miedosa,

sobre toda las cosas.
El miedo, sí, el miedo que me arde,

ya esta en gran parte de mi espalda
como una especie de culebrilla.

Sé que me muero,
¡mátame!, átame, ¡mátame!, ¡mátame! (más rápido).
Mis cristales se acaban,
en la noche, los vistes desperdiciarse,
escaparse, el dolor los aguanta, por favor decime.

Me quemo, me incendio cada vez más.
Las hormigas estallan por vos
sos su reina,
por favor decimelo.

No salvas, pero curas como el agua de mar,
como el agua bendita mezclada con aceite.
Me quemo, me sangra, ayúdame, hay rojo por todas las paredes.

Ya estoy blanca, en tu casa, acostada.
Ni dormida en el silencio, haciéndote caricias me lo decís.

Describime, describime,
(la entrepierna).
recordame, ¡recordame!.

Cogiendo, ¡cogiendo! (transparente).

Más arriba, como ahora, en el sol,
tocando las nubes y el pasto mojado, verde.
Acariciando el agua más tibia, entre estas sábanas,
el río corre lento, húmedo, cálido.

Mi cuerpo tirado sobre el piso, quieto, inquieto.
Desapareces, otra vez, otra noche violada,
sobre mi clavícula.

Como toda madrugada,
guárdame en el freezer.



1 comentario:

  1. sos una pendeja atrevida que se va al carajo

    y no se por qué ahora no te estoy viendo.

    ResponderEliminar