viernes, 28 de mayo de 2010

el descanso

Acariciaba el vacío en el lienzo, pausadamente insolente, grisáceo.
Adormecía inaudito el cadáver enardecido, otoñal.

En el confín del cuarto se oye musitar a los cuervos,
ya despreocupados en estos días de desvarío en el auge.

Osado estas hoy, en las tinieblas de la sercanía,
tus anhelos me ciñen en lo fusco del coito omiso.

Yacer en lo más profundo entre árboles, o en tu boca,
en esta vereda helada.

Despertar en el crepúsculo de la cotidianeidad de tu soledad,
entendiéndolo, o no, lo sentí, escarchada en el vestigio.

compredí el arpegio de la tierra,
en el asfalto te enredé entre mis flores humildes y pequeñas.

Y en la voz se incrustan mis rosales más preciados,
el que inocentemente recubre todo tu ser.

sábado, 15 de mayo de 2010

Agua titubial

Extremidad afectada en la nube de la irrealidad.

Luz sofocante,
en este ojo lubricado de metales.

Piel colapsada de tazas rotas pegadas en la pared,
desequilibrio de malvones contemplantes enredadizos.

Entre estos pájaros fríos,
masjetuosos de seda,
como una película marfilada.

Cámara saciadora de tristezas toraxicas,
fluidición de regodeo húmedo,
Sosiego en un pintor altílocuo, caucásico.

De hebrás alambradas radiales ennegrecidas,
paladar sublime de un choque oxidado, consecuente.

viernes, 14 de mayo de 2010

Tierra en tu mujer

La mujer humillada, perdida
pecadora, estúpida
desde el nacer hasta la argolla acabada.
Violada.

Siempre cortando los ojos con tijeras oxidadas,
luego vienen las vendas sucias.
Tapando las sábanas con arena de mar espumoso.

Incapaz de dormir en la nieve.
En la escollera bajo la luna,

Nuevamente perdida.

martes, 4 de mayo de 2010

Sensaciones nocturnas

En esta niebla se sepulto.
Hoy, Annette en el piso
se despeino entre azulejos rojos.

Melancolía absurda,
que aprisionan y sollozan en el viento arenoso.
Sintiéndolo en la carne del alba,
en el rostro repulsivo, dócil, circular.

De caminata se le agotan las
palabritas floreadas que pinta en el aire.

Ya no alcanza,
recolectando hojas invernales,
está tan vacía esta plaza,
como todas en esta época suspirada.

Annette sentada vestida con ternura de niña
recupera el perfume en su destino,
se hunde en el espejo expuesto de luz tenue,
de esos ojos color pájaro.

Se mete en el océano más inesperado,
de cuerpo turco y blancuzco.

En las plazas platónicas
brotan peces y flores que acarician
el pelo, carré, rojiso, de su figura.