martes, 10 de julio de 2012
Piel
De este lado hace frío y no quiere (noche).
Hundiéndose en el silencio homicida de ese cuarto.
Sus manos no sienten, moradas ya inertes.
Solo la toxicidad de las lágrimas de humo, presas del insomnio.
Ya de madrugada, tan distinto escuchando el sonido florido del viento.
Acariciando terciopelos moribundos.
Desde el alba grita y gira en sí, su cuerpo destilado de lluvia.
El sol apacigua la silueta, contemplando la acción fluida del ser.
Observando la caída del río,
Abriga en su pecho con ternura al ave desplumada de azul.
Dándole de la sed a distancia,
todo el brillo reposado en lo purpura de la herida supurada.
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