lunes, 20 de agosto de 2012

Bares

La noche tan extensa, oscura, llena de soledad.
De historias irrelevantes, revoltosas.
De personas que buscan un abrigo entre tantos.

Pasar las horas sin dormir tras unas cuantas birras heladas,
dejar pasar tanto por gusto y olvido, de distracción.

Que absurdo suena y que tan cotidiano es.

Y qué triste me veo al recordarme perdida en bares,
exaltada en bailes y danzas, de multitud y ruido.

Es el verdadero vacio.

Las buenas historias nacen en el día.
Donde el sol posee.
Donde tu mirada se posa en el rayo de luz que encandila mi cuerpo.

En el cual la tarde es día y noche con tu voz.
En el horario donde no es tarde para viajar en el 514,
y caminar con una sonrisa de esperanza esas cuatro cuadras ocultas.

Cuando no se pierden celulares ni billeteras.

Del día renace tu música, se escucha al cantor.
Nos golpean la puerta e interrumpen la armonía.

Pero qué alegría de niños hay dentro de nuestras manos.
Esas manos que se difuman en la noche,
que no sienten más que frío.
Tocando figuras poseídas entre mantas desgarradas.

Y te encuentro disperso, pero mírame fijo.
Con tu mirada en rojo y con la mía en azul.
-nos miramos-
Y desvanecemos en brillo de la garua.

Así es la eternidad, la que nos cuida de todo mal.

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