jueves, 27 de septiembre de 2012

En el aire, de vos.

Morder el pétalo en el jardín desolado,
en tu cuarto o en burzaco.

Que los pigmentos nos asfixien hasta quedarnos ciegos.
Hasta ya ser mi piel agua y tu color no exista.

Atrapame entre los arboles, en el horizonte.
Cubrime de miel y abejas. Que nos desvanezcamos dulces en la flor.

Lograr la calma absoluta de existir bajo estas piedras erradas.
Ese segundo fragmentado en tibieza inagotable y esporádica.

Despertá mi alma, llévala hacia el limbo heterogéneo de tu siluetas.
Llenar de fluidos rojizos el piso, como mi pelo en el sol.

Matame para reconocer al niño, cambiar de piel,
y morir en eternidad de complacencia.


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