Hoy somos lo que escribiste, ese desdén observado en el balcón.
hay un futuro donde yo te llamo, hay un futuro donde nos cruzamos por la calle, de manos equivocadas y nos miramos con nostalgia, donde me pierdo en lo superfluo, en cualquier carne, en cualquier día, en familia, en hijos, en preocupaciones.
es que nos movemos, nos acercamos más, nos amalgamamos más y más, y creo que estamos cerca de un límite, de un páramo, impenetrable, oscuro y hermético. de donde uno de nosotros dos no sale vivo.
No dormir para despejar cada ser, cada mirada
cada qué del comienzo. Ese momento infinito que no vemos.
es lo que se fue, como los días que pasan sin saber.
Inevitable olvido de madrugadas heladas esperando el 514.
y abrázame, abrázame, en fulgor de nuestros cuerpos.
Despertame y mordeme la espalda.
Yo te ladro como perro chiquito y me sonreís y me olvido del enojo,
me hundo en ese laberinto imperfecto de dientes escalonados (blanco-transparente)
me gustaría eternizarnos, hoy tu voz y mis manos para siempre, sin que el tiempo, sin que los días se lleven los acontecimientos, nuestra edad y experiencias. sin un después. eso es aún peor que la muerte, porque en ese después, no estamos ahí, por que no somos así.
Grita mientras te calmo del oscuro, cubrime de tu humo.
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