Viajar suele ser un poco incomodo porque generalmente soy impuntual
y voy leyendo cosas atrasadas, el bondi asfixia de gente con caras tristes. Entre tanto distraída subo la mirada y veo un rostro conocido
-¿de donde te tengo?- no prestando atención me pierdo en una casita azul y verde oscuro, me gustan mucho eso colores, siempre mis pinturas tienen algo de ellos.
Pero te miro, vuelve la duda. Tenes una pinta de nene ricachon, y con un libro en la mano derecha que dice "disparo con mi lápiz". Sos un nene rico que juega al revolucionario, me caes bien. No te miro fijo porque te vas a dar cuenta y me da vergüenza ya que cada tanto miras como conociéndome de algún lado.
-Sos el muchacho que el papá fue a cuba y le gusta León Gieco- Siempre tuve buena memoria y como buena memoria también olvide muchas otras cosas.
Te acordas de la tarde después de tu ensayo, que esperábamos para quedarnos solos y sumergirnos miedosos en nuestros labios inquietos. Que buen recuerdo.
Ya es hora de bajar, afuera hay mucho ruido y tiros. Bajamos y nos miramos, cantaste y cruzaste sin mirar
pero te detuviste a levantar un muñeco de algún nene que abra salido espantado por los tiros. Me caes bien.
Puedes que hallas echo una acción de relato de poema, tal vez la exagere y agregue cosas pero eso me acerco a mirarte un segundo mas. Todo basto con un saludo aireado y nostálgico como el amanecer de invierno.
Debería hablarte pero mejor hablemos en el viaje allí me pierdo en rostros como los tuyos inciertos y despiertos, llenos de gritos. Mañana todo vuelve a su ciclo, tal vez ni te reconozca.
Déjame inventarte historias soy una poeta, también puedo mentir.
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