Alto hasta ser jirafa.
De una habladuría pausada, perseguido.
Cara de cínico y blanco en plano.
El pianista compositor de dibujos exaltantes.
Caminamos en la humedad, incómodos.
Sabíamos que no queríamos estar,
tal vez por no poder dormir nos vimos.
Me gusta hablar mucho,
pero no podía contener mi voz temblorosa y dubitativa.
Mi no mirar cuando hablo.
Era toda una farsa, a la cual nos prestamos .
No nos vamos a ver más.
Hay muchas cosas más importantes que saciar la sed.
Siempre lo supe. Entendía tu hablar y vos el mío.
-Sos un caballero, un buen pibe que tiene que volver
con su correspondida-.
-Y vos vas a volver con el músico.
-no, ya no ( y de perfil contuve mi dolor,
estabas siendo cordial para no quedar mal parado)
-Sí, yo soy hombre, entiendo de estas cosas,
que te apuesto?
-Un fernet, música y morochas bien dotadas
(busque una salida rápida antes de ahogarme)
-Perfecto.
Y la noche se abría al sol .
-Llamame un remis, tengo que irme.
-Bueno.
Y nos despedimos con un beso de olvido,
de saber que nuestras vidas apuntan a otras cosas.
Saber que mi razón y querer pertenecen a mi recuerdo
a vos.
Tal vez esto cambie, cuando me haga de la luz,
Del vivir, en el viento, en el mar, en mi y no mentir más.
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