Hasta que punto dejamos las almas en viento.
En el momento que ya no grites, que la piel sea de cristal y no cante por su libertad.
Que tu halo se oscurezca con sed.
Solo enterrame con tu Dios para ser infinito.
En la tarde de enero trasmutada con las nubes en el piso, y tu cara de cielo azul.
Y todo recuerdo proyectado en vos se muera en mis ovarios calados,inertes.
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