La carne, la temida carne.
es la perdición del humano, la que no deja ver a las miradas.
Esas marcas astrales que guardan nuestra figura.
Toda ya desde el nacer esta manchado con carne y órganos.
Nos deterioramos a cada segundo,
y no vemos los instantes que son infinitos, cimero en nuestros huecos.
Tapando nuestro males con frío, mustiando las palabras.
Quemando la mirada volcando la desdicha en la acción errónea/cuerpo.
La acción/mirada trasmutada, que es una pequeña cura de la carne,
accionamos de adentro hacia afuera, nos sanamos un poco.
Así sale la risa y el cuerpo se siente liberado.
Los dientes perlados del verano, de cada estación que retoma su ciclo incorpóreo.
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