Te beso, y reís como la nieve.
Te hablo de las nubes y todavía no las tocas, te intimidan.
Entonces abro mi pecho, tomo tu mano para que veas a la mujer.
Cuando tengas que amar a una muchacha mis charlas te van a servir.
Sonrío de tus errores, de tus caras blancas y ojos de estación.
Te muestro los arboles en la puerta de tu casa,
para que algún día se la regales al cielo.
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