Ascendí sobre la nieve que recubría toda la escena.
me senté, y besé las manos acopladas con mis ojos ya idos, unidos.
En un centro las mariposas giraron atravesando mis parpados.
Y no respiré por unos minutos, o horas, no sé.
Me ahogué en las ventanas, en este horizonte verde que cae en la madrugada.
Descendí contra una melodía, que almidonaba lo frío de las caricias recorridas.
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