Encontré un Modigliani, todo tu cuello era una pintura, bellísima.
Lienzo experto, rasguñado por mininos hambrientos. Y la charla,
la galantería absurda, conmueve a mis muecas.
Que exageran para infiltrarse en el cuatro, donde depositas con agrado de rayo, un lunar
- tenés dos, qué bueno-. Dormitas tan desprolijo cuando escuchamos las disonancias.
Un oleo corre por mi ombligo (contraes mi mano),
se expande contra tu halo, parecido al asfalto en pleno verano.Silueta de garua, rutina de filosofo.
Esa sonrisa escondida aplicada al bosque que te sale del pecho, que mide al cielo, armando lluvia y suavizando a los templos.
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